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L a P e d r @ d a

Cuba no se va

Gilberto López y Rivas
La Jornada


Habían trascurrido apenas tres horas de la declaración del gobierno foxista sobre Cuba, que implicó la salida de embajadores, cuando cientos de personas de manera espontánea se congregaron frente a la embajada cubana para externar su repudio a esta nueva escalada en la estrategia imperial de agresión contra la revolución cubana. Al día siguiente, en menos de 24 horas, miles de manifestantes salieron a la calle para hacer patente el cariño y la solidaridad del pueblo mexicano a Cuba, y muchos acompañaron al embajador Jorge Bolaños hasta el aeropuerto Benito Juárez en su viaje de regreso a La Habana.

Las páginas de nuestro periódico han estado publicando cartas, declaraciones y artículos de opinión de numerosas organizaciones de la sociedad civil, analistas y personalidades de la vida política mexicana en los que expresan que nada ni nadie puede romper los lazos de amistad entre nuestros pueblos, al tiempo que señalan el alineamiento y sometimiento del gobierno de México a los dictados de Estados Unidos.

Los medios de comunicación masiva, particularmente la televisión, emprendieron una orquestada campaña oficialista (que nos remonta a la época de oro del control de los medios que ejercía el régimen priísta), basada en el chovinismo nacionalista y en un anticomunismo trasnochado que recordó los años más lúgubres de la guerra fría. Los intelectuales orgánicos del oficialismo tuvieron la oportunidad de vociferar su odio a la revolución cubana y a su dirigente principal, el comandante Fidel Castro, en alegatos salpicados de improperios y majaderías, mientras los principales dirigentes del Partido Acción Nacional hacían lo propio con el iracundo fundamentalismo de sus militancias en grupos fascistas y confesionales.

Uno de los argumentos centrales de Vicente Fox y sus funcionarios para justificar esta desesperada medida anticubana fue sin duda "la defensa de los derechos humanos", lo cual resulta a toda luz incongruente y fuera de lugar. Siendo México uno de los países con más problemas en este ámbito, con un récord impresionante de casos de torturas, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales, brutalidad policiaca, impunidad, guerra sucia, existencia probada de grupos paramilitares formados clandestinamente, apoyados y tolerados por la Secretaría de la Defensa Nacional y los aparatos de seguridad mexicanos, no parece procedente, por decir lo menos, que el actual gobierno de la derecha base sus acciones en semejante rubro.

De la misma manera, el gobierno de Fox no ha dicho una palabra sobre el caso más patente de violación de los derechos humanos en territorio cubano, que tiene lugar en la base militar de Estados Unidos en Guantánamo, o sobre la sistemática tortura y tratos vejatorios contra la dignidad humana de prisioneros iraquíes perpetrados por las fuerzas de ocupación estadunidenses y británicas.

El otro argumento foxista descansa en la "injerencia cubana", para lo cual se menciona la presencia en nuestro país de dos funcionarios del Partido Comunista de Cuba que por decisión soberana de su gobierno portaban pasaportes diplomáticos y se reunieron privadamente con dirigentes partidistas ya señalados por el canciller cubano. Aquí destaca el seguimiento macartista del gobierno federal sobre las acciones cotidianas de los partidos políticos y su fingida ignorancia sobre las actividades que comúnmente desarrollan visitantes extranjeros con estas características. Usualmente, el secretario político de la embajada respectiva es quien coordina reuniones con miembros del Congreso de la Unión, presidentes de partidos, personalidades de la vida nacional, en las que se intercambian puntos de vista sobre coyunturas políticas de interés para las instituciones partidistas de que se trate, como dio a conocer a detalle el canciller Pérez Roque.

También en este caso se hace patente la doble moral del foxismo, ya que no reacciona de igual manera cuando se trata de funcionarios de Estados Unidos, quienes pueden tomar por asalto los aeropuertos mexicanos, interrogar y registrar a nuestros compatriotas, servir de voceros oficiosos con respecto a la intención del voto del gobierno de Fox en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, así como aprobar, como mentores satisfechos de su dilecto discípulo, la virtual ruptura de relaciones de México con Cuba.

El antiguo ejecutivo de la Coca-Cola mantiene sus actitudes de subordinación y servilismo hacia sus jefes yanquis. Por ello está empeñado en entregarles Pemex mediante contratos ilegales y violatorios de la Constitución, en regalarles las islas Coronado o en beneficiar por todos los medios posibles a las corporaciones extranjeras, sobre todo si son estadunidenses.

El otro elemento que mencionó la pa-reja (de cómicos involuntarios) Derbez-Creel para tratar de explicar sus actos irracionales es el tratamiento cubano al caso Ahumada. El gobierno federal fue exhibido con la deportación de éste, ya que Cuba refrendó con sus indagaciones, y más recientemente con su video, un hecho conocido y probado con anterioridad: la existencia de un complot para golpear a la izquierda partidaria como opción de gobierno, en el que están involucrados agencias del Estado y personajes ya conocidos de la clase política.

Una consigna circuló insistentemente a lo largo de esta semana, memorable en más de un sentido, que sintetiza un sentimiento colectivo: ¡Cuba no se va!
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